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23/7/17

La cruda realidad de los «millonarios» del impuesto de sucesiones en Andalucía

Francisco Pacheco Millán (Jerez de la Frontera)


Francisco Pacheco Millán y a sus tres hermanos están endeudados hasta las cejas por una herencia de su padre que, para colmo, ya no es suya. Incapaces de hacer frente a la factura del impuesto de sucesiones, esta familia de Jerez de la Frontera perdió el pequeño hotel en el centro de la localidad que su padre les había dejado al fallecer en abril de 2010 y, más de un año después, aún deben 400.000 euros para «quedar en paz» con la Consejería de Hacienda. El edificio que había dado trabajo a toda la familia, se adjudicó a una empresa por 185.000 euros tras salir dos veces a subasta y quedar la puja desierta. La operación resultó un fiasco que no dio ni para cubrir la liquidación. Fue vendido por ocho veces menos del valor fijado por la Junta de Andalucía: 1.456.712 euros tras aplicar los coeficientes multiplicadores al valor catastral. Sobre la vivienda familiar de Francisco Pacheco y el local donde tiene su negocio, una asesoría laboral, pesa la losa del embargo. «Tengo que cobrarle en mano a mis clientes para que Hacienda no me quite el dinero. Céntimo que tengo en el banco, céntimo que me quitan enseguida. No puedo tener nada a mi nombre», se queja este jerezano. «No nos ha tocado la lotería y tenemos las mismas trampas», responde a la presidenta de la Junta, que llamó «millonarios de euros» a quienes como él han pagado un alto precio por heredar.

Juan Antonio Reina, Dos Hermanas


Póngase en su situación. Juan Antonio Reina, guardia civil de Dos Hermanas, va a su banco y descubre con que sus dos cuentas corrientes están embargadas hasta el 15 de enero de 2117. Es la consecuencia de la deudas originadas por el tributo que le correspondía pagar a su tía Conchi, cuyo expediente estuvo extraviado durante años en Hacienda con tan mala fortuna que apareció justo cuando estaba a punto de prescibir. Como sobrino y único heredero, no tiene reducción fiscal en España. «Están llevando al límite a algunas personas», declara.

Fabiola Lara, Coria del Río



Con una pensión de viudedad de 395 euros y una niña camino de la adolescencia, a Fabiola le cayó encima una losa llamada impuesto de sucesiones el aciago día que murió su marido. A ambas su cónyuge les dejó tres fincas rústicas «de pocos metros», un local y la vivienda familiar en una de las zonas más modestas de la localidad sevillana. Como no han podido pagar ni vender, la bola ha seguido creciendo con los intereses de demora: los 174.192 euros de cuota inicial se convirtieron siete años después en casi 400.000 euros. Sólo la casa, que estaba hipotecada, fue valorada en 312.000 euros por los peritos de la Junta. «Una locura en Coria. Si te dan 70.000 por ella te das con un canto en los dientes», apuntó su abogada, Carmen Julia García. Esta viuda confiesa que se lleva «todo el día llorando sin saber si alguien de la Consejería de Hacienda va a venir a echarme de mi casa».

Fuente e imagen: ABC

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