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17/11/16

Calefacción por 36€ al mes: así funciona una central térmica gestionada por sus vecinos.


En el barrio de Orcasitas, en Madrid, 2.300 familias gestionan su propia central térmica, que les proporciona calefacción por 36 euros al mes gracias a su peso negociador con las empresas que comercializan el gas y a la gestión personal que hacen de un servicio del que todos están orgullosos.
Rodeada de casas humildes de ladrillo visto, emerge en el centro de la plaza de la Asociación, en Meseta de Orcasitas, un edificio de colores con tres chimeneas que coronan la joya de la que más presume este barrio: su central térmica.

No es para menos, gracias a ella pagan tan solo 36,50 euros los 12 meses del año, consuman lo que consuman y con un impacto medioambiental mucho menor que el que produciría un barrio similar con calderas individuales o por bloques. “Estamos encantados, ¡cómo no íbamos a estarlo!”, es la respuesta más habitual entre los vecinos.

Este sistema fue elegido por ellos mismos hace 35 años, cuando se llevó a cabo la remodelación del barrio por parte del Instituto de Vivienda. De vivir en chabolas pasaron a unos pisos elegidos completamente por ellos: desde el número de habitaciones al color de los azulejos, pasando por el tipo de calefacción. “Queríamos que fuera autogestionada, todos estuvimos de acuerdo”, recuerda Rosa Camacho, una vecina que lleva casi cuatro décadas en la zona.
La idea, según cuentan los más veteranos, fue propuesta por el equipo técnico del ministerio de entonces, inspirados directamente en países extranjeros como Alemania, donde sí era habitual. Ahora, cada una de las 2.300 familias a las que calienta cada invierno posee, literalmente, un pedazo de esta central, que va en el 'pack' de su vivienda si quieren venderla, y eligen una junta directiva, que es la encargada de gestionarla a través de una mancomunidad. “Somos un barrio pobre con una calefacción de lujo”, defiende Rosa.

Compran el gas al mejor postor

En todo Madrid solo existen dos centrales vecinales similares en Villaverde y Canillas. Junto a ellas y otras mancomunidades más pequeñas —bloques con caldera propia, por ejemplo—, han creado el grupo DEMA, con el que ejercen presión negociadora a las empresas comercializadoras del gas para comprar grandes cantidades al mejor postor. “Cada vez que hay que renovar los contratos, nos ponemos de acuerdo entre todas y escuchamos las ofertas para todo el volumen que necesitamos”, explica Miguel Ángel González, presidente de la junta directiva que gestiona esta central de Orcasitas.
“Nosotros, por ejemplo, necesitamos 15 gigacalorías de energía al año, pero entre todas llegamos a los 100. Luego, cada uno hace su contrato particular sobre el precio que hemos establecido”, continúa González. “Calculamos que gracias a la presión que ejercemos entre varios compradores, conseguimos el combustible un 20% más barato”. Hacerlo sobre precio cerrado les permite, además, no sufrir las sorpresas en la factura de cualquier consumidor particular en función de las fluctuaciones del mercado.
En los últimos años, quien les ha ofrecido el mejor precio ha sido Sonatrach, la empresa estatal argelina. Después de comprarlo, el gas se distribuye por las infraestructuras de Madrileña Red de Gas, la dueña de la instalación en esta zona, con la particularidad de que el combustible pasa por las calderas de la central autogestionadaGas Natural Fenosa no tiene lugar en este barrio, a pesar de que al principio era a quien compraban el gas, hasta que se formó el grupo DEMA. “Cuando empezamos a negociar, quisieron torpedear el grupo ofreciéndonos acuerdos individuales, pero no pudieron, y luego no han querido hacer ofertas”, justifica González.

Central térmica autogestionada. (Foto: Itxaso González)
Central térmica autogestionada. (Foto: Itxaso González)

Sistema ecológico y barato

La filosofía del gigantesco sistema de calefacción que han implantado se basa en ser lo más eficientes posible para ahorrar al máximo, con la eficiencia ecológica siempre presente. Tres calderas gigantes de 6,8 millones de kilocalorías cada una se encargan de calentar el agua (normalmente, una caldera doméstica tiene una potencia de 30.000 kilocalorías) desde las 12 del mediodía a las 10 y media de la noche, del primero de noviembre al 31 de marzo, fechas variables, eso sí, según el frío de la temporada.
Cada mañana, las tres calderas se ponen en marcha de forma automática, luego solo funcionan dos, que se detienen al alcanzar una temperatura que han estimado agradable en los 21 grados. “Normalmente, la gente no tiene tanto tiempo puesta la calefacción, pero haciéndolo así, las casas no se enfrían tanto y no hay que dar tanta potencia, al final se ahorra”, explica González sobre el funcionamiento con que cubren las necesidades térmicas de las viviendas del barrio, la mayoría de unos 90 metros cuadrados con tres habitaciones.
El sistema es 100% gas natural desde hace una década salvo durante tres días al año: el 24 y 31 de diciembre y el uno de enero. El motivo es que esos días el consumo de calefacción es mayor y superaban la cantidad de energía contratada. Después de llegarles un sobrecoste de 15.000 euros, decidieron utilizar gasoil a partir de las 10 durante esos días, manteniendo el gasto estable.

Rosa Camacho, una vecina orgullosa con su central térmica. (Foto: Itxaso González)
Rosa Camacho, una vecina orgullosa con su central térmica. (Foto: Itxaso González)

Un tercio más barato que una caldera doméstica

Según sus propios cálculos, puesto que no tienen contadores en las viviendas, con este sistema cada vecino gasta un tercio de lo que supone a una persona con caldera individual, y la mitad de los edificios con caldera comunitaria. “Nuestro objetivo es que los vecinos tengamos el mejor calor posible y el más barato”, aclara González. Maribel e Isabel, dos vecinas del barrio que vienen de hacer la compra, coinciden con esta idea: “Mi hija, que vive en otro barrio, paga 200 euros por la calefacción, me parece muchísimo comparado con los 36 euros que pagamos nosotros y teniéndola encendida mucho más tiempo”, cuenta Isabel. “Ayer, por ejemplo, a las 11 aún tenía los radiadores calientes”.

En total, pagan 432 euros al año, cerca de la mitad del gasto medio de España, situado entre 760 y 928 euros, según un estudio de PwC, para una vivienda de las mismas características, incluyendo, eso sí, el agua caliente, algo que este sistema no permite porque no puede mezclarse el agua sanitaria con la destinada a calentar viviendas. "Nos lo hemos planteado, pero sería muy caro, y por el momento no lo vamos a hacer", dice el presidente de la mancomunidad.
En comparación con el año pasado, la factura solo les ha subido 50 céntimos, pero todo lo que destinan no va solo al propio consumo. Con la mensualidad de cada vecino se mantiene también la central y se invierte en remodelaciones e inversiones, que a la larga también les permiten ahorrar y mantener precios bajos. Hace poco, por ejemplo, cambiaron las turbinas que se encargan de mandar el agua a presión a cada edificio de las seis manzanas que cubren por otras que gastaban un 30% menos de electricidad. También han incorporado unos filtros en las calderas que impiden que el oxígeno del agua oxide las máquinas, haciendo que funcionen durante más tiempo. “Son pequeñas cosas que hemos ido incorporando y que nos permiten ahorrar mucho dinero, pero para eso es fundamental que la junta la formemos gente del barrio, que nos implicamos y que queremos lo mejor, con una gestora no sería igual”, defiende González.

Interior de la central térmica autogestionada. (Foto: Itxaso González)
Interior de la central térmica autogestionada. (Foto: Itxaso González)
Del mantenimiento se encarga una empresa externa, con una persona a tiempo completo que trabaja en la central y en los problemas que surgen en las viviendas. “Ayer me goteaba un poco el radiador y a los cinco minutos ya estaban arreglándolo”, explica Rosa, que no recuerda un solo día sin calefacción desde que tienen este sistema.
Además, tienen un fondo con lo que han ido ahorrando que les permite resolver cualquier imprevisto. “Ahora mismo tenemos suficiente para hacer frente a cualquier problema”, calcula González. De hecho, es su única alternativa, porque los bancos no les conceden préstamos. “Al ser algo que pertenece a los vecinos, los bancos dicen que necesitan un aval firmado por todos y eso es imposible”.
De este fondo saldrá también el dinero para pagar los contadores individuales que tendrán que poner a partir de 2017 para cumplir la directiva europea sobre eficiencia energética, que obliga a todos los consumidores de calefacción central a instalar estos dispositivos. "La mayoría de los vecinos no queremos, preferimos pagar siempre lo mismo", cuenta Camacho. 

Barrio libre de pobreza energética

En este barrio, además, la pobreza energética en materia de calefacción no existe, puesto que otro objetivo del fondo es hacer frente a las cuotas de los que no puedan pagarlas en un momento económico complicado, tal y como explica González: “Todos somos vecinos y nos conocemos, así que si alguien tiene un problema y realmente no puede pagarla, lo asumimos con los fondos hasta que pueda devolverlo”.
En la cabeza tienen muchas ideas para ir mejorando poco a poco una central que mantienen impoluta en mantenimiento, limpieza y cuidados, y aunque reconocen que es complicado que, desde cero, cualquier comunidad pueda montar algo similar, confían en el sistema de unirse con otros bloques o mancomunidades para negociar el precio del gas: “Cuantos más seamos, mejores precios conseguiremos”, sentencia González.

Fuente e imagen: El Confidencial

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