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31/5/15

"Mami, Pipí"

Para esos padres que lo pasan mal con el aprendizaje del "pipí" por parte de su hijo/a y esperando que esta entrada les sirva un poquito para el tema en cuestión.


Siento no haberles escrito desde hace tiempo acerca de mis aventuras como padre, que no deja de ser una oportunidad para que ustedes se vean reflejados desde la etapa en la que se encuentren respecto a sus hijos, existentes o futuros. No es aprender, que puede que también, sino sobre todo compartir experiencias. Ya estén a punto del alumbramiento, en mitad de la crianza o ya algo más mayores, con la visión de la edad. El mío está a unos meses de cumplir tres años y con él he seguido viviendo muchas andanzas. Hoy reparo en una de las mayores odiseas con las que nos ha costado lidiar: retirarle el pañal.
Rafa no ha sido ni mucho menos precoz en ello. Sus compañeras de la guardería sí, cosa que a nosotros nos responsabilizaba un poco y que a él empezó a sentarle fatal. Las intentonas de dejarle sin nada que le protegiera, preguntándole a cada momento e incluso forzando que se colocara en el váter, resultaron un fracaso. Al final, se despistaba y la consecuencia aparecía bajo sus pies, con un delator charco de orina.
De alguna manera, parecía que a las niñas no les había llevado tanto acostumbrarse al aviso, o bien sus padres eran más precavidos e insistentes. A él, como les decía, le afectaba al ánimo, porque alguna niña le hirió un poquito la moral, al llamarle bebé, cuando él ya se considera “un niño grande”. Tal fue la influencia del comentario en su carácter que un día llegó y pidió, motu proprio, que ya estaba bien de pañal. Aquel gesto no fue definitivo, como imaginarán, pues todavía se le escapó el pipí alguna vez más, para su frustración. Pero
desde ese momento, ya muy ayudado también por su profesora en la guardería, que siempre le acompañaba durante la mañana, adquirió el hábito de ir de vez en cuando al baño, hasta que con absoluta naturalidad lo ha convertido en una norma.
Ahora ya no hace falta ni llevarle, pues él ya ha aprendido a bajar la tapa y adaptarse para no acabar encajado. Va tan 'sobrado' que hasta se quiere limpiar el culete el mismo cuando es otra cosa lo que cae, aunque para eso aún le queda tarea y tiempo. De noche, por pura precaución, todavía duerme con un pañal, aunque ya lleva muchas mañanas que se despierta completamente seco. Lo que parecía un camino de espinas, se ha allanado para su tranquilidad y la de sus papás. Ahora ya avisa y nadie le dice bebé. El ahorro en pañales a futuro es otra variable interesante para el bolsillo, créanlo. Lo importante es que, como suele pasar en la vida, el sexo opuesto consigue que transformemos nuestra vida. Los gestos arrancan desde primera hora.

Fuente e imagen: Diario Ideal

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