Para todo aquel que cocine.
Hace unos meses, la agencia británica de alimentación (Food Standards Agency), alertaba del peligro de esta práctica y hacía un llamamiento para que los consumidores de pollo eviten lavarlo antes de cocinarlo. La culpable de esta alerta ha sido la bacteria campylobacter, responsable de 280.000 intoxicaciones al año.
Según explica la OCU, lavar el pollo crudo incrementa las posibilidades de que esta bacteria se expanda por la cocina, por culpa de esas gotitas de agua que quedan tras el lavado, aumentando el riesgo de “contaminación cruzada”. Además, aseguran que es una práctica totalmente prescindible y que esas bacterias se eliminan cocinando el pollo de manera adecuada. Sin embargo, con una sola gota que contenga esta bacteria es suficiente para infectar a una persona.
Los síntomas de esta intoxicación son diarrea, dolor abdominal, calambres y fiebre. Unos síntomas que podemos evitar siguiendo las recomendaciones de los expertos, como evitar el contacto con la carne cruda y cocinarla a más de 75º. “Si se usa un cuchillo o una tabla para el pollo crudo, hay que lavarlos a fondo antes de volverlos a usar para cortar el pollo ya cocinado”, advierte la OCU.
Estas mismas organizaciones informan de que con los huevos ocurre exactamente lo mismo. Estos cuentan con una capa que protege el interior del exterior y esta protección puede verse disminuida si pasamos los huevos por debajo del grifo, puesto que esa capa podría perder su efectividad y dejar que las bacterias pasen al interior.
Fuente e imagen: Diario Ideal

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