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17/9/14

Y 9.000 años después, 39 casos de tuberculosis.

Una entrada muy interesante de leer.

El año pasado se diagnosticaron en la provincia treinta y seis casos y en este 2014, hasta principios de septiembre, se constataron otros treinta y nueve.

La sufrieron escritores como Edgar Allan Poe, Honoré de Balzac o Gustavo Adolfo Bécquer. Compositores como Boccherini, Chopin o Purcell. Líderes políticos como Simon Bolívar. E incluso reyes como Luis XVII. Los primeros casos de esta enfermedad se produjeron hace nueve mil años. Consunción, tisis, peste blanca... infinidad de nombres a lo largo de la Historia para bautizar a un 'bichito', denominado científicamente 'Mycobacterium tuberculosis', que ahora, en pleno siglo XXI, sigue haciendo de las suyas. Aquí mismo, en Jaén. Es cierto que no se trata de las epidemias de antes, pero también es igual de cierto que no se trata de un problema erradicado. El año pasado se diagnosticaron en la provincia treinta y seis casos y en este 2014, hasta principios de septiembre, se constataron otros treinta y nueve. Nada preocupante, pero las estadísticas están ahí. Según informa el Servicio Andaluz de Salud, la incidencia en Jaén es de 5,4 infectados por cada 100.000 habitantes, una relación sensiblemente inferior a la media nacional, con una ratio de 10,9 por cada 100.000 almas

La Organización Mundial de la Salud, junto con la Sociedad Respiratoria Europea, ha presentado recientemente un nuevo marco para eliminación de esta patología en los treinta y tres territorios con un grado de afección menor a cien por un millón. Una nueva intentona -y van unas cuantas desde principios de la pasada centuria- para acabar con un mal para el que, afortunadamente, hay tratamientos bastante efectivos basados «en la combinación de tres e incluso cuatro antibióticos durante un periodo de tiempo de unos nueve meses», explica el director de la Unidad de Neurología del Complejo Hospitalario de Jaén, José Nieto. «Estamos hablando de un microbio que afecta a aquellas personas que están bajas de defensas», indica el doctor Nieto, quien agrega que ese es el principal motivo de que la tuberculosis tuviera una especial prevalencia en su momento entre los enfermos de Sida -siglas del Síndrome de 'Inmunodeficiencia' Adquirida-.

En cualquier caso, aclara José Nieto, no se puede decir que exista un perfil de posibles pacientes, «aunque sí es más frecuente en países que no tienen un sistema sanitario muy avanzando y donde, por tanto, resulta más complicado detectarlos». Y es que una de las grandes dificultades a la hora de actuar contra el referido 'Mycobacterium tuberculosis' es que, inicialmente, la sintomatología es de carácter leve. Abstenia, cansancio, fiebres bajas... trastornos que se pueden asociar a otro de tipo de padecimientos y a los que muchas veces no se les da la importancia debida. Pero el microorganismo sigue ahí, a veces incluso extendiéndose a otros órganos de nuestro cuerpo que no tienen que nada que ver con el sistema respiratorio. Entonces, ya sí, pueden surgir las alarmas, con fuertes dolores, esputos ensangrentados y temperaturas corporales muy altas -incluso por encima de los cuarenta grados-. Soluciones desde la ciencia, las hay. Pero hace falta detecta primero y empezar con la ingesta de los medicamentos después.

Cuando se confirma que se está ante un tuberculoso, lo normal es que se ponga en marcha un protocolo para cerciorarse si entre los más allegados, con quienes convive el susodicho, hay más aquejados. Y es que la transmisión se produce vía aérea, a través de las toses, secreciones y las pequeñas gotitas de saliva que se expelen a veces cuando se dialoga. Este estudio permite acotar la incidencia en el entorno más próximo y valorar si el riesgo de contagio es más o menos grande -no se actúa de la misma forma cuando se trata de alguien con un universo de relaciones sociales limitado que alguien que está en contacto con mucha gente-.

Fuente e imagen: Diario Ideal.

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